La mayoría de los cuellos de botella no vienen del trabajo en obra, sino de la gestión que lo rodea.
Contratos, certificados de PRL, seguros, registros de empresa... Cada vez que llega una nueva subcontrata alguien tiene que perseguir los documentos, revisar que estén completos y guardarlos en algún sitio. Y si hay mucha rotación, el caos es constante.
Antes de pagar a una subcontrata hay que comprobar que está al corriente con Hacienda y Seguridad Social, que la factura está validada internamente y que tiene aprobación. Sin un proceso automatizado, esto genera retrasos, errores y mucho correo de ida y vuelta.
El cliente llama o escribe con una incidencia, alguien la apunta a mano, hay que averiguar qué industrial le corresponde, coordinar la visita, hacer seguimiento... Un proceso que debería ser ágil se convierte en semanas de llamadas y correos sin resolución visible.
No es tecnología por tecnología. Es reducir fricción en los procesos que más tiempo consumen en el día a día.
Que nadie entre a obra sin tener la documentación en regla. Y que el equipo no tenga que perseguirla manualmente.
Cuando una constructora trabaja con varias subcontratas a la vez, controlar que todos tengan su documentación al día se convierte rápidamente en un trabajo en sí mismo. Contratos firmados, certificados de PRL vigentes, seguros de responsabilidad civil, fichas de empresa... Cualquier documento que falte o haya caducado es un riesgo legal y operativo.
En Spira diseñamos un sistema que centraliza toda esa documentación, la verifica automáticamente y detecta lo que falta o ha vencido. El sistema envía avisos directamente a la subcontrata con lo que necesita aportar, y avisa al responsable interno cuando algo bloquea el acceso. Así, el equipo de la constructora no tiene que recordar qué empresa tiene qué pendiente: el sistema lo sabe y actúa.
Antes de pagar, comprobar. Y que esas comprobaciones las haga el sistema, no una persona con una hoja de cálculo.
El pago a subcontratas no es solo girar una transferencia. Antes hay que verificar que la empresa está al corriente con la AEAT y la Seguridad Social, que la factura ha pasado por los validadores internos correspondientes y que tiene las aprobaciones necesarias. Si algún paso falla, la factura queda bloqueada y alguien tiene que descubrir por qué y resolverlo.
Automatizamos todo ese flujo. Cuando entra una factura, el sistema lanza automáticamente las comprobaciones necesarias: verifica los certificados de AEAT y Seguridad Social en tiempo real, comprueba que la factura tiene la validación interna requerida y, si todo está en orden, avanza al siguiente paso. Si algo falla, el responsable recibe un aviso claro con el motivo exacto y la subcontrata sabe qué tiene que regularizar.
Un cliente satisfecho después de la entrega es la mejor referencia. Un sistema desordenado de incidencias es el peor punto de partida.
La postventa en construcción suele funcionar así: el cliente llama o escribe, alguien lo apunta en un Excel o en su cabeza, hay que decidir qué gremio le corresponde, ponerse en contacto con él, coordinar una visita, esperar, hacer seguimiento, volver a llamar al cliente... Un proceso que en teoría es sencillo se convierte en una fuente constante de fricciones y clientes frustrados.
Diseñamos un sistema que recoge las incidencias por el canal que use el cliente (formulario, WhatsApp, email), las clasifica automáticamente según el tipo de problema (fontanería, carpintería, instalaciones, acabados...), las asigna al industrial correspondiente, coordina la visita y hace seguimiento de la resolución. Todo queda registrado. La constructora tiene visibilidad en tiempo real de qué incidencias están abiertas, cuánto llevan abiertas y quién es el responsable.
Entendemos cómo funciona ahora el control de subcontratas, los pagos y la postventa. Detectamos exactamente dónde está la fricción y qué se puede automatizar con más impacto.
Cada constructora tiene sus requisitos específicos. Diseñamos los flujos, las validaciones y los avisos según lo que necesita tu empresa, no una plantilla genérica.
Montamos el sistema, lo conectamos con tus herramientas actuales si procede, y nos aseguramos de que todo el equipo entiende cómo usarlo desde el primer día.
No desaparecemos tras la entrega. Hacemos seguimiento, ajustamos lo que sea necesario y ampliamos la automatización según evolucionen tus necesidades.